No quiero alumnos calmados. Quiero alumnos capaces.

No quiero alumnos calmados. Quiero alumnos capaces.

 

 

Allá donde mire, en redes y en videos grabados desde los espacios inocuos que suceden detrás de una habitación vacía y una pantalla, leo frases y escucho discursos que hablan sobre lo mismo:

 

 

“Busca la calma.”

“Encuentra la paz.”

“Relájate.”

 

 

Estamos poniendo la paz y la tranqulidad como el objetivo a alcanzar y como lo que queremos son más clientes, más visualizaciones y más likes, decimos lo que todos quieren escuchar: “no te obligues, para, no te esfuerces….”

 

 

Pero es que yo no quiero alumnos tranquilos….

 

 

Porque esa “tranquilidad” que vendemos en capsulitas forma parte de una cultura del bienestar que nos pone algodones todo el rato bajo nuestros pies.

 

 

“No hagas nada que te incomode”. “Sientate y calma tu sistema nervioso”.

 

 

Suena bien….pero no es real.

 

 

En la vida como en la esterilla vamos a encontrar intensidad, vínculo, conflicto, responsabilidad, pérdida, deseo…..

 

Cuando le “vendo” a un alumno que el Yoga le va a aportar tranqulidad, le estoy diciendo realmente la verdad?

 

 

Y entonces surge la pregunta incómoda:

 

 

¿El yoga es aprender a estar tranquilos?

 

¿O es aprender a ser capaces?

 

 

Capaces de sostener nuestro caos.

 

Capaces de no desbordarnos cuando el sistema nervioso se activa.

 

Capaces de permanecer en medio de lo que duele, sin huir ni endurecernos.

 

 

 

Cuando la vida incomoda, empieza la verdadera pŕactica de Yoga. Cuando en la esterilla nos damos cuenta de nuestro aburrimiento, de nuestra exigencia, de nuestra comparación, y

de nuestra falta de humildad o de constancia. Ahi y ahora esta sucediendo el Yoga.

 

El yoga clásico, formulado por Patañjali, define:

“Yogaḥ citta-vṛtti-nirodhaḥ” — el yoga es el cese de las fluctuaciones de la mente.

 

No está proponiendo anestesia emocional.

Está describiendo un estado de profunda claridad donde “el yo” deja de confundirse con sus fluctuaciones.

 

Renuncia no significa huida emocional.

Significa no-identificación.

 

Nirodha no es represión.

Es libertad respecto al impulso reactivo.

 

Se me hace bastante llamativo que defendamos el cese de las fluctuaciones de la mente o que tomemos a Patanjali como referencia hoy, en una vida en familia, en comunidad y vincular….sin pararnos a pensar como profesores que el mensaje que le estamos estampando a nuestros alumnos en la cara es el que hay algo malo en eso que sienten cuando se enfadan o tiemblan o disfrutan, y les pedimos que se anestesien de eso que les pasa!.

 

Las tradiciones tántricas introducen otra inflexión:

El mundo no es obstáculo. La experiencia no es obstáculo.

El cuerpo ( o sus sensaciones) no es error.

La energía no es algo que haya que silenciar.

 

La liberación no pasa por retirarse, sino por reconocer la conciencia en medio de la experiencia.

En el sufismo, como expresa Rumi, el camino no es escapar del mercado, sino encontrar lo divino en el corazón de la vida cotidiana.

 

Son acentos distintos:

Uno enfatiza el discernimiento interior radical.

Otro enfatiza la integración total de la experiencia.

Desde la neurobiología sabemos:

 

Un sistema nervioso puede parecer tranquilo y estar en congelación.

Puede estar desconectado, evitativo, colapsado.

 

Calma visible no siempre es regulación real.

La práctica no consiste en bajar la activación siempre.

Consiste en ampliar la ventana de tolerancia.

 

Un alumno capaz puede:

– Notar la activación.

– Notar la tendencia al colapso.

– Permanecer respirando dentro de ello.

– Elegir respuesta en lugar de reacción.

 

Eso es madurez neurofisiológica.

Eso es discernimiento encarnado.

Eso es yoga vivido.

 

Propuesta práctica para marzo:

1. Cuando aparezca una activación, no intentes tranquilizarte de inmediato.

2. Observa y pregúntate, con curiosidad:

– ¿Qué está ocurriendo en mi respiración?

– ¿Dónde siento la activación en el cuerpo?

– ¿Puedo mantener contacto con la sensación durante 5 respiraciones sin reaccionar?

3. No cambies la experiencia.

Sosténla con conciencia.

 

No intentes apagar de inmediato tu caos. Habitalo. Conocelo.

 

—¿Cual es tu caos? ¿Cual es tu darte cuenta?

 

Ojalá no busques parecer calmada.

Ojala busques ser capaz.

 

OjalÁ sepas que eres capaz de sentir, que eres capaz de permanecer ahí en tu interior, hasta que “lo incómodo”, desaparezca.

 

“El yoga no nos pide calma, nos pide encarnar la experiencia vivida, real y honesta”.

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