El susurro de la felicidad

Querida comunidad,

 

Hace un tiempo, una amiga muy querida me dijo algo que se me quedó grabado.

Ella vive en Canarias y trabaja tendiendo puentes entre África y Canarias.

Nazara, Está profundamente comprometida con las minorías y se involucró fuertemente con el pueblo palestino desde que empezó el conflicto en Gaza.

Un día, en medio de una conversación sencilla, me dijo:

«No tenemos derecho a no ser felices, Armi. Hemos nacido en la buena cara del mundo».

 

«HEMOS NACIDO EN LA CARA BUENA DEL MUNDO».

 

Desde entonces, esa frase me acompaña.

Porque me sabe a verdad…y, al mismo tiempo, abre una gran pregunta.

¿Nacer en la parte amable del mundo nos garantiza una felicidad continua?

Si así fuera, ¿por qué tantas veces vivimos con ansiedad, con insomnio, con desamor, con un ruido interior constante o con vacío interno?

 

Estas preguntas regresan con fuerza ahora que estoy en Marruecos.

Cuando veo niños pidiendo dinero al aparcar el coche.

Cuando me cruzo cada día con el mismo hombre, en la misma esquina, pidiendo algo de comer.

 

¿Qué hace que hayamos nacido allí y no aquí?

¿Y por qué, aun teniendo tanto, nos cuesta cuidar esa riqueza interior que ya está en nosotros?

A veces parece que, en lugar de cultivar lo esencial, nos perdemos en deseos, en hábitos que nos alejan, en tendencias que nos desgastan.

 

Y me pregunto si no será, precisamente, nuestra responsabilidad aprender a cuidar ese estado de «abundancia» que ya habita en nuestro interior.

 

Cuidar eso no como un privilegio, sino como una práctica consciente y constante.

 

Tal vez cultivar esa felicidad sea una forma de devolverle el favor a la vida.

 

De honrar haber nacido en la parte amable del mundo.

 

La existencia susurra: todo está en orden, tal cual está.

 

¿La estás escuchando?

Una práctica sencilla para esta semana.


Te propongo algo muy simple.

En algún momento del día —al caminar, al sentarte a respirar, al apoyar los pies en el suelo—

detente unos instantes.

Siente el peso del cuerpo.La respiración tal y como está.

Sin corregirla.


Y pregúntate suavemente:

¿Qué ya está bien ahora mismo?

¿Qué no necesita ser cambiado?


Permanece ahí unos segundos.

Solo observa.

No busques una emoción especial.

Solo presencia.

Tal vez la felicidad no sea algo que alcanzar,

sino algo que recordar y cuidar,

una y otra vez,en lo pequeño,

en lo cotidiano.


Con cariño y presencia ,

Armi.